El amor romántico, un cúmulo de engaños

 

 

Ya desde el primer instante en el que una pareja se enamora aparecen los primeros “autoengaños”. El enamoramiento no es más que una ilusión, una percepción de que el otro tiene todo aquello de lo que carecemos y nos hace falta. Por ejemplo: Juan ve en María una persona enérgica, entusiasta, que le dará vida y María ve en Juan a una persona tranquila, sosegada, que le dará paz. Con el paso del tiempo uno se da cuenta de que la vida o la paz la tiene que buscar uno en sí mismo y se sorprende al observar cómo las cosas que uno valora inicialmente en el que será su pareja son las cosas de las que uno se queja cuando la pareja lleva 40 años juntos (María pasa a ser una histérica y Juan un aburrido con gran facilidad).

Una vez pasada la etapa del enamoramiento, esa enajenación mental que por pura supervivencia del individuo y de la especie dura poco tiempo (porque uno deja de comer, dormir y pensar…) para que la relación siga adelante buscamos cada uno de los mitos que permitirán que la pareja continúe y que deberemos reestructurar en cada cambio del ciclo vital de la pareja. Bueno, María es un poco nerviosa, pero tiene mucha iniciativa y está muy implicada conmigo y con mis historias. La verdad es que Juan no es la alegría de la huerta pero tiene la cabeza amueblada y podría ser un buen padre.

Hasta aquí, todos estos artificios son normales e incluso necesarios para la formación de la pareja, su consolidación, la crianza de los hijos, etc. Sin embargo, existen otros mitos y trampas que sí son peligrosos, los mitos del amor romántico.

Existe en el imaginario colectivo de nuestra cultura una idea lo que es el amor y las relaciones de pareja. Desafortunadamente, todavía a día de hoy, y a pesar de los constantes casos de maltrato entre parejas y las múltiples acciones preventivas y de educación en igualdad, muchos de los mitos que conforman el fondo de esta problemática siguen vigentes. Ideas como “el amor todo lo puede”, “cambiará por mí o yo haré que cambie”, “el amor es lo más importante y merece la entrega total”, “somos uno”, “los polos opuestos se complementan”, “hay un solo amor verdadero”, “los celos son muestra de amor”, etc. reflejan unas creencias que dirigirán nuestras relaciones.

Las creencias son las ideas que sirven de base para nuestros pensamientos, elecciones y conductas. Por tanto, una persona que rija su vida de pareja con estos parámetros, verá condicionado por ellos tanto la elección de la pareja, como el tipo de relación que establezca con ella, como las normas y valores que conformen, como, finalmente cada una de las conductas con la pareja (cómo nos relacionamos con ella, le hablamos, discutimos, qué cosas permitimos, qué cosas exigimos, de qué cosas nos desprendemos, qué cantidad de intimidad preservamos, qué posición ocupa la pareja en cada decisión que tomamos, qué posición ocupo yo, dónde quedan el resto de mis relaciones, mis gustos… son sólo algunos ejemplos).
Si pienso que el amor todo lo puede, qué no voy a tolerar por amor. Si creo que cambiará por mí, hasta cuándo puedo esperar a que ese cambio, que además el otro promete, se dé. Si siento que el amor es lo más importante, qué no voy a dejar por él. Si pienso que somos uno, cómo no voy a perder mi intimidad y cómo me voy a separar, pase lo que pase. Si creo que los polos opuestos se complementan, qué cosas que van en contra de mis valores y mi forma de pensar no aguantaré. Si pienso que sólo hay un amor verdadero y que lo tengo cómo voy a soltarlo. Si siento que los celos son una muestra de amor, cómo no voy a aguantarlos impliquen lo que impliquen.

Por esto, los mitos del amor romántico son tan peligrosos:
1º porque son falsos,
2º porque son rígidos
(si a pesar de ser falsos fueran flexibles -si pudiéramos hacer con ellos como con los primeros mitos que vimos, los de Juan y María, cambiarlos cuando vemos que no sirven- no supondrían un peligro, sin embargo el justificar cualquier cosa para mantener el mito, es peligroso)
3º porque crean relaciones asimétricas (en el que uno disculpa sus acciones y busca comprensión en base a los mitos y el otro siempre tiene que tolerar y aguantar en pro de estos)
4º porque el daño que generan en las personas implicadas va creciendo de forma indetectable para las personas implicadas, generando conflictos cognitivos (sensación de locura, de no saber cómo interpretar las cosas, de no saber cuándo hago bien o mal…), emocionales (estados ansiosos y depresivos, desesperanza, miedo…), personales (mal autoconcepto, pérdida de la intimidad y de los rasgos característicos de la propia identidad…) y sociales (aislando a las personas implicadas), erradicando las herramientas que esa persona tenía originalmente para hacer frente a una situación como esta.

Existen otro tipo de relaciones de pareja, otra forma de entender el amor romántico, una forma de querer bien (a uno mismo y al otro), basados en el respeto, la admiración, el apoyo mutuo, la libertad y la igualdad, esta es la creencia que subyace las relaciones de pareja saludables.

APRENDER A CONTROLAR LA ANSIEDAD

Aprender a controlar la ansiedad.

www.omniacentre.com

Imagen

“Ansiedad” y “estrés” son algunos de los términos propios de la psicología y la medicina más extendidos y usados en la población general. Lo sentimos algo tan común, tan nuestro, que lo usamos todos y para todo. Tanto, que en cada territorio incorporamos esta forma de sentir como propia y definimos a la gente “ansiosa” de una forma particular, en Mallorca son “pasadores de pena”, en Andalucía son “sentíos”, en Venezuela “agites”, etc.

A pesar de ello, no tenemos muy claro qué es realmente la ansiedad. Decimos que nos sentimos ansiosos o estresados cuando podemos notar una aceleración en la respiración o una presión que “parece” que no nos deja respirar en el pecho, taquicardia, tensión muscular, contracturas musculares que pueden derivar en cefalea, sentimos una inquietud interna… y nos vemos superados por los acontecimientos o sentimos ganas de huir de una situación.

Todo eso es cierto, pero la…

Ver la entrada original 803 palabras más

APRENDER A CONTROLAR LA ANSIEDAD

Imagen

“Ansiedad” y “estrés” son algunos de los términos propios de la psicología y la medicina más extendidos y usados en la población general. Lo sentimos algo tan común, tan nuestro, que lo usamos todos y para todo. Tanto, que en cada territorio incorporamos esta forma de sentir como propia y definimos a la gente “ansiosa” de una forma particular, en Mallorca son “pasadores de pena”, en Andalucía son “sentíos”, en Venezuela “agites”, etc.

A pesar de ello, no tenemos muy claro qué es realmente la ansiedad. Decimos que nos sentimos ansiosos o estresados cuando podemos notar una aceleración en la respiración o una presión que “parece” que no nos deja respirar en el pecho, taquicardia, tensión muscular, contracturas musculares que pueden derivar en cefalea, sentimos una inquietud interna… y nos vemos superados por los acontecimientos o sentimos ganas de huir de una situación.

Todo eso es cierto, pero la ansiedad, en esencia, no es más que una respuesta adaptativa del cuerpo, en principio es algo beneficioso para nosotros. Cuando detectamos algo que interpretamos como una amenaza, nuestro cuerpo se prepara para responder, tal como lo harían nuestros ancestros, atacando o huyendo. Automáticamente los músculos se tensan, la respiración y la frecuencia cardíaca se aceleran para hacer llegar oxígeno a todos los músculos de nuestro cuerpo, la actividad corporal que resta energías a la respuesta de ataque o huída (como la digestión) se interrumpen, etc.

Si supuestamente es una respuesta adaptativa, entonces, ¿por qué asociamos las respuestas de ansiedad al malestar psicológico? La clave está en:

  1. ¿Qué es lo que interpretamos como amenaza?

Muchas veces, el problema no está en la respuesta de ansiedad en sí, sino en aquello que nosotros interpretamos como una amenaza y despierta esta respuesta. ¿Cuándo te sientes ansioso? cuando tienes que hacer un examen, cuando tienes que hablar en público, cuando quieres tomar una decisión que a tus padres no les gustaría, cuando coges el coche, cuando piensas en una enfermedad, cuando piensas en el futuro, siempre…

Habitualmente, lo que prepara a nuestro cuerpo para atacar o huir no es realmente una amenaza. Plantéate: ¿qué pasaría si esto que tanto me preocupa saliera mal?, ¿qué cosas podría hacer para prevenirlo o solucionarlo?, ¿qué es lo peor que podría pasar?, ¿cómo de probable es que eso pase?, ¿qué es lo que puede pasar de forma más probable?

Cuando aquello que interpretamos como una amenaza no lo es, debemos enseñar a nuestro cuerpo a no reaccionar con ansiedad. La respuesta de ansiedad aparece de forma automática, pero si hacemos una reflexión consciente y nos damos una respuesta realista a estas preguntas cada vez que aparece la ansiedad, esta respuesta bajará y nuestro cuerpo terminará aprendiendo a no generar esta respuesta sin motivo.

  1. ¿Nos ayuda esta respuesta a superar la amenaza?

Tanto si concluimos que lo que interpretamos como amenaza lo es como si concluimos que no, cabe preguntarse si la respuesta que estamos dando nos ayuda en alguna forma a superar la situación.

Cierto grado de ansiedad, nos activa y nos prepara para dar una respuesta, no sólo de ataque o huída, sino que también nos permite reflexionar sobre el problema, buscar una solución y nos da la energía para ponerla en marcha. Si no tuviéramos un mínimo grado de ansiedad, ni nos levantaríamos de la cama, nada nos movería a la acción. Sin embrago, cuando el grado de ansiedad es excesivo, éste nos paraliza, entorpece nuestro pensamiento, nos impide descansar por la noche y por tanto funcionar bien durante el día, etc.

Por todo esto, es muy importante aprender a regular el grado de ansiedad, con el fin de llegar al punto óptimo que nos movilice hacia la solución sin sobrepasarnos hasta paralizarnos. Una vez que controlamos el nivel de activación, podemos buscar la mejor solución al problema ante el que nos encontramos. Una forma muy efectiva de regular la ansiedad, son las técnicas de relajación. Con la práctica regular de alguna de estas sencillas técnicas, se puede aprender a modular la tensión muscular y mental. Existen muchas técnicas de relajación diferentes (asociadas a la respiración, a la tensión/distensión muscular, a la imaginación, a la meditación, etc,)

En los casos en que uno sólo no es capaz de regular su nivel de ansiedad, la frecuencia en que esta aparece ante situaciones que no son realmente amenazantes es muy alta o uno se siente ansioso de forma continuada (lo que afectará al sueño, apetito, estado de ánimo y conllevará consecuencias en la salud como problemas gastrointestinales, musculares, autodefensas bajas, etc.), la psicoterapia resulta de gran ayuda, pero si quieres ir entrenando esta regulación por tu cuenta, aquí tienes algunas de las técnicas de relajación sencillas y muy útiles, hay muchas más:

 https://www.youtube.com/watch?v=a0qUVmuxBZ8

 https://www.youtube.com/watch?v=LFxrLDS4iHE&feature=kp

 https://www.youtube.com/watch?v=er6PRGqQehM

Antes de aplicarlas, recuerda:

  1. Ponte ropa cómoda y crea un ambiente agradable (luz tenue, música relajante de fondo, temperatura media, sin ruidos ni interrupciones)
  2. Túmbate o siéntate en un lugar cómodo, con la cabeza, espalda, brazos y piernas apoyados y adopta una posición de relajación (deja caer por su propio peso la cabeza y las extremidades, baja los hombros y cierra los ojos).
  3. Durante el ejercicio puedes experimentar algunas sensaciones extrañas (hormigueo, sensación de pesadez o de flotar…) que no deben asustarte, significa que tu cuerpo se está soltando.
  4. Al terminar el ejercicio, permanece unos segundos sentado o acostado, no te levantes de golpe.
  5. Durante años has aprendido a estar ansioso, ahora, para aprender a relajarte, necesitas un tiempo y mucha práctica. Como pasa con cualquier habilidad, cuanto más practiques, mejores resultados obtendrás. Encuentra un ratito cada día para practicar y verás cómo cada vez te resulta más fácil y rápido relajarte.

Imagen

Así que dale al botón y empieza a aprender a vivir relajado.

RELACIONES SOCIALES Y FELICIDAD

Imagen

Cada día se hace más patente la necesidad que tenemos de estar en contacto unos con otros, a través de las nuevas tecnologías no paramos de comunicarnos, de decirnos cosas continuamente, mensajes, “me gustas”, wassaps, twits… la mayoría de veces, nos decimos cosas sin la menor importancia (con revisar algunos de los estados de nuestros amigos en facebook desaparecerán tus dudas). “Comiendo una hamburguesa”,   ¿a quién puede interesarle eso? Seguramente a nadie, pero el que lo escribe tiene la necesidad de comunicarse con otros, sobre cualquier cosa, porque lo importante es sentirse conectado con otros, vinculado con otros… saber que por absurdo que sea lo que pongamos, alguien lo va a leer e incluso es probable que escriba algun comentario al respecto, porque el otro también quiere relacionarse, comunicarse, vinculándose, aunque sea a través de una hamburguesa.

 

El afecto es, literalmente, vital

Ya Aristóteles decía que el hombre es un ser social por naturaleza. Tanto es así que se ha demostrado que necesitamos al otro ya desde los primeros momentos de nuestra vida y no sólo para la adquisición de cuidados y protección en los primeros años, o como forma de organización social de adultos. Diferentes experimentos demuestran que la ausencia de afecto en los bebés puede desembocar en su muerte.

El psicoanalista Spitz desarrolló el concepto de hospitalismo a principios del S.XX, al observar que la mortalidad en los neonatos sin muestras de afecto por ser separados de sus madres era mucho más alta, a pesar de recibir los “cuidados básicos” por parte de las enfermeras.

Federico II de Prusia, quiso formar el ejército perfecto y para ello, retiró a los recién nacidos de sus familias de origen y los hizo criar por enfermeros en un edificio donde se les proveería de techo, alimento, abrigo, aseo, medicinas…. Todo aquello que necesitaran excepto de afecto, no se les hablaría en tono amable, abrazaría ni sonreiría en ningún caso. Todos los bebés fallecieron en pocas semanas.

Existen otros experimentos similares de los que se obtienen resultados parecidos, siempre con graves trastornos físicos y psíquicos en los afectados que, en muchos casos, terminan en su muerte.

 

¿Cómo nos relacionamos?

Entonces, por un lado, sabemos que las relaciones sociales y el afecto son vitales para nuestro desarrollo. Pero también sabemos que hay muchos tipos de relaciones diferentes ¿por qué  a la hora de entablar relación con otras personas unos las buscan y se muestran seguros y simpáticos; otros las reúyen y parecen avergonzados y aterroriazdos, otros sienten más que el placer, la necesidad de estar con los demás y de ser aceptados y queridos…? cada uno sabemos cómo nos relacionamos y qué dificultades tenemos en las relaciones, ¿pero de dónde viene eso?

Desde la psicología, la Teoría del Apego da una respuesta explicándolo también desde las necesidades del recién nacido. Éste necesita establecer una relación con al menos un cuidador principal para que su desarrollo social y emocional se produzca con normalidad. Los bebés se apegan a los adultos sensibles y receptivos a sus necesidades, por una cuestión de supervivencia. Esta figura de apego le servirá para cubrir sus necesidades y para darle la seguridad necesaria para poder explorar y aprender (gatear, caminar, relacionarse con objetos, personas…). Pero esta relación, este apego, puede tenir diferentes formas:

  1. Seguro: si el cuidador da una respuesta rápida y consistente a las necesidades del niño, haciendo que éste se muestre tranquilo
  2. Ambivalente: si la respuesta del cuidador es cambiante, a veces cubre las necesidades del niño, otras no… haciendo que éste se muestre ansioso y muy pendiente de la respuesta de su cuidador
  3. Evitativo: si la respuesta del cuidador y por tanto la relación entre ambos es débil, y se fomenta la independencia del niño
  4. Desorganizado: si la respuesta del cuidador es asustada o asusta al niño, pudiendo llegar a los malos tratos.

Estas cuatro formas de relación, conforman la primera relación y la más importante que establecerá cada persona. Es a partir de aquí, que cada uno aprende qué significa relacionarse y qué espera de la interacción con los demás y por tanto, establece su forma de vincularse. Si bien es cierto que estas son 4 formas tipo y que la mayoría de relaciones de apego son un híbrido entre ellas, con los años (y matizado por las relaciones y experiencias posteriores) darán lugar a 4 formas de relacionarse de esos niños, cuando se hacen adultos:

  1. Segura: se sienten seguros de sí mismos, de sus relaciones, de sus parejas y encuentran un equilibrio entre la intimidad y la independencia.                                                                                                          Imagen
  2. Ansioso: tienen una visión menos positiva de sí mismos, son menos confiados, buscan mayores niveles de intimidad y de aprovación de los demás, son más dependientes y pueden mostrarse más preocupados o impulsivos en sus relaciones.                                                                                                                                                                                         Imagen
  3. Despegado-evitativo: se ven autosuficientes, no necesitan relaciones íntimas ni  cercanas, tienden a reprimir o mostrarse invulnerables a los sentimientos.                                                                                                                                Imagen
  4. Asustado-evitativo: tienen sentimientos encontrados sobre las relaciones, por un lado las desean y por otro se sienten incómodos con ellas, por lo que suelen evitarlas (pero con sufrimiento, a diferencia de los anteriores). Se muestran desconfiados de los demás y poco seguros de sí mismos.                                                                                                                   Imagen

Por tanto, el tipo de relaciones y de afecto que recibimos desde bien pequeños, influirá en nuestra forma de vernos, de ser, de relacionarnos, en el tipo de relaciones que establecemos y en consecuencia, en nuestra felicidad.

 

¿Cómo podemos relacionarnos mejor?

Lo primero de todo, dándonos cuenta de lo importantes que son las relaciones en nuestra vida. Si para un bebé pueden suponer la diferencia entre la vida y la muerte, porque así lo ha establecido la naturaleza, como algo necesario para la supervivencia del individuo y de la especie, podemos hacernos una idea de su importancia. Pero tenemos muchas más pruebas sobre ello, ponte a pensar y verás como las relaciones humanas suponen una fuente de apoyo físico y emocional insustituible; aprendemos a través de los demàs; si nos sucede algo y no lo compartimos es casi como si no hubiera existido; si enfermamos gravemente y contamos con un buen apoyo social, tenemos mejor pronóstico; si recuerdas los mejores y peores momentos de tu vida, verás la importancia de las personas de tu alrededor.

Puede que conozcas este vídeo, es una gran muestra de la necesidad que tenemos, desde bien niños, de comunicar cosas, de conectarnos con los demás, aunque no haya un motivo, de saber que alguien está pendiente de nosotros, que cubrirá nuestras necesidades, que nos reconoce como a alguien con quien vincularse. Vuelve a verlo ahora y verás como es fantástico.

Una vez que reconozcas la importancia de las relaciones, entiende que esto, es igual para todo el mundo, todos quieren relacionarse con otra gente, es una necesidad universal, no estás solo.

Y finalmente, observa cuáles son tus dificultades al relacionarte. La terapia te puede ayudar a superar las dificultades en las relaciones si crees que no puedes hacerlo solo, pero si quieres empezar, aquí van algunos consejos.

¿Con cuál de las formas de relación te has identificado?:

–        Si te muestras ansioso ante las relaciones, recuerda que lo saludable es que no te caiga bien todo el mundo y no caer bien a todo el mundo, no esperes la aprobación de todos, porque eso es un objetivo imposible que solo te traerá frustración. Si no te gustan todos los estilos de música, cine, deportes, estilos de ropa… ¿por qué tendrían que gustarte todas las personas? Que algo no vaya contigo no significa que esté mal, si no le gustas a alguien, tampoco significa que estés mal. Y cuando a alguien sí le gustes créetelo, no estaba obligado a ello, así que si te escoge como amigo o pareja, es porque le gustas, no necesitas comprobarlo, ponerlo a prueba o dudarlo continuamente, simplemente disfrútalo.

 

–        Si te reconoces entre los despegados evitativos (difícilmente estarás leyendo este blog), pero si es así, es posible que esto, aunque no te cree malestar, sí te lleve a conflictos con los demás, simplemente sé claro con ellos, estableciendo un nivel de intimidad en el que todos los implicados en tus relaciones puedan sentirse cómodos y no haya diferencias entre niveles de intimidad/independencia que desemboquen en conflictos.

 

–        Si te has visto reflejado entre los asustados/evitativos, recuerda que todas las personas quieren relacionarse, como tú, y que todas tienen ciertas dificultades en ello, como tú. Además, la única forma de superar los miedos es afrontarlos, cuanto más hagas por relacionarte, mejor se te dará, menos miedo sentirás y más satisfecho estarás con tus relaciones y con tu vida.

 

 

APRENDE A SER FELIZ, APRENDIENDO

Imagen

Es fácil pensar que aprender nos permite conocer cosas nuevas que quizás no contemplábamos como algo que nos pueda gustar, de lo que podemos disfrutar, que nos puede aportar bienestar y con lo que podemos acumular experiencias positivas. Un nuevo idioma nos permite conocer nuevos sitios, personas, lecturas e incluso formas de pensar diferentes. Una nueva afición, posibilita nuevas relaciones, planes, conversaciones. Una nueva área de conocimiento, diferentes formas de reconocer e interpretar las cosas, la sensación de logro personal.

En la sociedad en que vivimos las posibilidades son infinitas, simplemente mantén la curiosidad por lo que te rodea y verás que puedes estudiar prácticamente cualquier idioma, aficionarte a la cocina, un deporte, la pintura, los animales, el cuidado de un huerto, recorrer parajes naturales, hacer fotografía, interesarte por la enología… puedes reciclarte en tu trabajo o estudiar aquello que siempre quisiste estudiar y nada tiene que ver con tu trabajo, pero te interesa. Puedes aprender incluso a ser más feliz, potenciando la inteligencia emocional (algunos de los artículos publicados en el blog pueden ayudarte, pero seguiremos profundizando en ello en otro momento). Es sencillo, cuantas más cosas aprendas a disfrutar o cuantas más experiencias positivas acumules, más momentos felices podrás vivir.

Y además, no hay excusa, podemos empezar a aprender hoy y no terminar hasta el último de nuestros días, porque a pesar de lo que podríamos pensar en un primer momento, el cerebro no se desarrolla solamente en la infancia, sino que sigue cambiando su estructura y su configuración, durante toda la vida, en función del entorno. Con cada nuevo aprendizaje, cambia algo en nuestro cerebro, adaptándose a las demandas del entorno.

De esta forma, la plasticidad de nuestro cerebro nos permite seguir aprendiendo cosas durante toda la vida e incluso cuando una enfermedad, accidente o el paso de los años dañan una parte del cerebro, otra parte puede asumir sus tareas (pensamiento, memoria, movimientos, lenguaje…). Pero esta plasticidad, esta adaptación al entorno, funciona en dos sentidos, todo lo que ejercitamos, aprendemos, usamos, se refuerza, todo lo que no atendemos, se olvida, se pierde. Así que para sacar el mejor partido a nuestro cerebro, hay que entrenarlo aprendiendo cosas nuevas y practicando aquellas que ya conocemos.

Como si se tratara de un músculo, diversos estudios demuestran cómo se desarrollan (no sólo con un mayor número de conexiones, también incluso aumentando su tamaño) con el entrenamiento, ciertas partes del cerebro encargadas de controlar ciertas tareas:

– Los taxistas londinenses tienen el hipocampo, la parte del cerebro encargada de la memoria y el aprendizaje espacial más grande que el resto de conductores y entre ellos, es mayor en función de los años que lleven trabajando como taxistas.  

– Los violinistas expertos, han desarrollado más la parte del hemisferio derecho encargada de controlar los movimientos de la mano izquierda, y ésta es mayor aún en aquellos que aprendieron a tocar el violín en la infancia.

– Las personas capaces de hacer malabares, tienen la parte del cerebro encargada del procesamiento de movimientos visuales mayor que el resto. Sólo con tres meses de aprendizaje en malabares ya se puede observar un aumento del tamaño en el cerebro, que tras tres meses sin practicar se reduce de nuevo.

Imagen

A nivel biológico, además, el aprendizaje se relaciona con mayores niveles de melatonina, hormona cuyo déficit casi siempre va acompañado de efectos psíquicos como el insomnio o la depresión. La misma hormona se utiliza como tratamiento de estas patologías.

El aprendizaje, por tanto, mantiene nuestro cerebro en forma, nos permite aprovechar mejor su potencial y nos facilita el hacer frente a las demandas de nuestro entorno, así como influye positivamente en el ciclo del sueño y estado de ánimo. Ya vimos también cómo la creatividad nos permite dar respuestas nuevas a viejas demandas y cómo ésta se nutre de abrir nuestra mente a cosas diferentes, nuevas formas de pensar, nuevos aprendizajes, que nos permiten encontrar la salida a aquellas situaciones en las que nos encontramos a menudo y nuestras respuestas habituales no sirven, los “siempre me pasa igual”.

Así que, no se trata de saber hacer de todo y hacerlo todo bien, se trata de mantenerse activo, de seguir aprendiendo, de mantener viva la curiosidad y de disfrutar del mayor número de cosas y momentos que puedas.

El mundo entero es un laboratorio para la mente inquisitiva. (Martin H. Fisher)

Imagen